¿Para qué sirve la utopía?

18 11 2009

  Eduardo Gómez / Profesor de Geografía e Historia

Ella está en el horizonte.

Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos.

Camino diez pasos y el horizonte corre diez pasos más allá.

Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré.

¿Para qué sirve la utopía?

Para eso sirve: para caminar.”

                                                              Eduardo Galeano.

Tenía guardados estos versos del escritor uruguayo Eduardo Galeano que enlazan con el “destello” anterior sobre los sueños y su importancia.

Aquí hablaremos del caminar, un tema que sin duda se repetirá en alguna otra ocasión. Pocas metáforas sobre la vida conozco tan bonitas y tan apropiadas como aquella que compara la vida con un camino. Y en estas palabras de Galeano se nos habla de ese camino,… y de algo más. Se habla de esa fuerza interior que nos mueve a caminar, de eso que nos anima, que nos ilusiona; de eso que él llama la utopía.

Etimológicamente, utopía significa “lugar que no existe”. Y es verdad, ese lugar no existe salvo en nuestros sueños, en nuestros ideales, en el interior de nosotros mismos, en esa parte nuestra, incorpórea, a la que tanto nos cuesta asomarnos y, mucho más, exponer a los demás. Ese lugar no es tangible pero no por ello deja de ser. Ese lugar, a duras penas, logramos atisbarlo en los horizontes de nuestra vida, tras cada uno de los retos que nos vamos proponiendo y que se presentan ante nosotros como suaves colinas o empinadas montañas. A veces, no son más que meros espejismos, que nos ilusionan por un momento hasta que, al aproximarnos a ellos, comprobamos su falsedad…

Mientras tanto seguimos caminando, avanzando, andando,…

A veces son meras quimeras que, desde la distancia, parecen colosales y que no hacen más que empequeñecer conforme nos aproximamos y las intentamos hacer realidad….

Y seguimos caminando, avanzando, andando,…

En ocasiones se convertirán en auténticos remansos de paz, felicidad, dicha, alegría… Espacios de donde nunca querríamos salir aun a costa de no descubrir lo que hay más allá de nuestro horizonte…

Pero seguimos caminando, avanzando, andando,…

Hasta que llegará un momento en que esa utopía dejará de serlo, y ese lugar tomará cuerpo, se hará real. Entonces, y sólo entonces, dejaremos de caminar, quizá agotados, quizá heridos, quizá desorientados por el largo camino, pero satisfechos y felices de haber sido capaces de alcanzarla…

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8 responses

18 11 2009
Raquel Pelayo

Hermosa reflexión sobre las utopías como motor de la vida, como razón para seguir caminando, avanzando, andando…
Siempre que pienso en utopías y en sueños irrealizables, se me viene a la cabeza una cita que leí en algún lugar y cuya autoría desconozco:
“Como no sabían que era imposible, lo hicieron”.

19 11 2009
Ana

Creo que existen muchas ideas que no son utópicas, aunque muchos las consideran así. La lucha por la justicia, aunque sea a pequeña escala, por la dignidad, el respeto, la igualdad… son horizontes difíciles de realizar al cien por cien, pero sí mucho más al alcance de las manos de lo que creen tantos. El obstáculo, el egoísmo, el individualismo.
Luego, sí, los sueños personales, si bien tantas veces dependen de las circunstancias.

25 11 2009
Betta

¡Hola!

Quería dejar un comentario sobre el tema, pues es algo que estamos tocando justamente en nuestra clase de filosofía y me interesa bastante.

En mi más sincera opinión; la utopía es simplemente un término que da esperanza a la gente. Pero, más allá de eso, no creo que sirvan para caminar hacia adelante porque muchas veces la idea de la “perfección” concluye en un fracaso estrepitoso que se cobra vidas.

A lo que me refiero es al hecho de que la perfección a veces nos obliga a retroceder y, por ende, nos alejamos en vez de acercarnos a ella.

En fin. Eso es todo.

PD. Felicidades por la revista; me han pasado el link y prometo volver en cuanto el tiempo me lo permita.

20 10 2010
Rodolfo Sumoza Natarén

Sólo por compartir. Abrazo.

UTOPIA
Rodolfo Sumoza Natarén

A lo largo de su historia el hombre ha forjado en su interior ideas-modelo, paradigmas, utopías que alumbran su camino por la vida. A veces su capacidad de soñar contagia a otros y su utopía se extiende por el mundo conformando un sueño colectivo que cual faro de luz, inspira y guía. Cuando esto sucede, resulta inevitable que su idea se extienda hacia el futuro de generación en generación, y su sueño entonces, guíe pueblos a través del tiempo, y aglutine en su derredor el espíritu de una época.

Y sin embargo, nunca nadie llegó a Shan-gri-lá, a la ciudad que imaginó Platón o a la Utopía de Tomás Moro.

Pero soñar, esa bella capacidad, sigue siendo el rasgo distintivo de nuestra especie. Y hoy soñamos que es posible la justicia, como base de la paz; la paz, como base del trabajo; el trabajo, como base de la prosperidad, y que ésta, en el marco de la libertad, es capaz de reiniciar el ciclo. Mas, a nuestro pesar, la libertad sigue siendo un juego que no conseguimos dominar, y la prosperidad no llega a todos, y millones huyen hacia otro país en busca de trabajo, y los andamios de la paz a veces crujen, porque seguimos extrañando ese toque pacificador de la justicia.

Y entonces a uno se le antoja pensar si desde Platón, pasando por Tomás Moro hasta mi hijo, ha valido la pena soñar. Me lo pregunto mientras trabajo para ganar el pan familiar, acosado por la rapiña de los banqueros y el cinismo de los políticos; me lo pregunto ahora, mientras tomo este café, rodeado de un mundo más adecuado para la compraventa que para vivir y crecer en paz: ¿Para qué sirven las utopías?

Y siento que la angustia se me acomoda en el cuerpo. Pero en el último instante, cuando los colores de la tarde comenzaban a sintetizarse en gris, leo en mis propias palabras la metáfora salvadora.

Como la línea del horizonte se aleja cada vez más cuando caminamos hacia ella, las utopías son inalcanzables, pero nos impulsan a caminar .

20 10 2010
Ana

Rodolfo, ¿desde dónde nos escribes? ¿Tienes algún vínculo con la revista? Muchas gracias por su suculenta aportación, de veras.

21 10 2010
Rodolfo Sumoza Natarén

Hola Ana:
Confieso que no conozco la revista y que una búsqueda me puso en ruta de colisión con ella, pero una vez dentro no pude sustraerme al tema. Regresaré con más tiempo disponible. Vivo en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, y aprecio lo de “suculenta”. Un abrazo.

21 10 2010
Ana

¡Es increíble lo lejos que podemos llegar! Desde México nos escribes, nada menos. El texto que comentabas fue escrito por un compañero del centro que, con nuestro pesar, ya no nos acompaña pues se ha trasladado a otro instituto. Una pena no contar con todas sus aportaciones semanales.
Por aquí seguiremos escribiendo.
Saludos, Rodolfo.

24 04 2011
Carlos Néstor Alliaume Huertas

Soy uruguayo. Acrata-altemundista y agnóstico. Un abrazo al hermano mexicano (chiapaneco para mejor) Rodolfo Sumoza Natarén. Espero sea ferviente zapatista también. Vaya, asimismo, un abrazo a Eduardo Gómez por pensar y sentir como yo y mi compatriota, el genial Eduardo Galeano (aunque él es hincha de Nacional y yo de Peñarol) de lo mejor que tenemos en filosofía y literatura en este nuestro “paisito”. Y vaya también mis sinceras felicitaciones a la revista IES (a la cual, confieso, desconocía. La descubrí de casualidad, buscando literatura sobre la Utopía). Gracias por ser como son.
¡Arriba lo utópico!.

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