Pobreza

11 01 2010

Víctor Moncalián / 2º de Bachillerato A

Camino por la acera, mientras siento el gélido viento atravesando los agujeros de mi ropa raída. Este es el invierno más frío que he vivido desde que estoy en la calle.

Camino lentamente, reuniendo las pocas fuerzas que le pueden quedar a un hombre que lleva tres días sin comer; es algo que, lamentablemente, me ocurre muy a menudo. Delante de mí veo a un niño, protestándole a su madre por el bocadillo que ella le dio y pidiendo a gritos golosinas.  Y, cuando veo que, harto de su bocadillo, lo tira a la papelera, no puedo resistirme y corro a por él. La gente me mira mal, pero la vergüenza es lo primero que pierdes al verte obligado a vivir de lo que otros tiran. Aquello que no te ayuda a sobrevivir sobra.

Aunque el bocadillo no me sacia completamente, al menos me calma el dolor que antes era insufrible. Camino de nuevo, buscando una forma de sobrevivir un día más. La gente me mira con desprecio y se apartan de mi camino. Y no les culpo. Yo antes hacía lo mismo, cuando tenía un trabajo y una familia. Pero eso cambió, y ahora estoy solo, sin un lugar al que ir.

Cae la noche, y esta trae consigo la nieve. La gente corre a refugiarse en sus casas, pero yo no tengo tanta suerte. Busco un portal abierto, una parada de autobús, una estación de metro, una caja de cartón. Cualquier cosa que pueda proporcionar un refugio me vale.

Por fin encuentro un lugar. Una caseta en un árbol, cuyo aspecto da la impresión de que al mínimo golpe se caerá. Pero no hay elección, no cuando perteneces a la calle y tu único anhelo es no morir en ella.

Anuncios

Acciones

Information

2 responses

11 01 2010
gonzalo

Este texto nos muestra que tenemos que valorar lo que tenemos y no desperdiciar las cosas, porque hay miles de personas que mueren por lo que a nosotros nos sobra.
¿Cuántas veces nos hemos puesto a jugar tirando pan? Muchas, ¿verdad?
Tendríamos que pensar que millones de personas no tiene pan.
Con esto no digo que sea un delito tirarse con pan, pero tenemos que valorar muchísimo más lo que tenemos y no desear lo que tiene el vecino, que hay gente que está mucho peor que nosotros.

18 01 2010
Ana

Lo malo es que estamos insensibles a tanta desgracia ajena. Es como si, a fuerza de ver tantas imágenes de calamidades, nos hayamos acostumbrado a convivir con la tragedia.
Sabemos, de primera o segunda manos, que son muchas las organizaciones que trabajan por erradicar la pobreza, la miseria moral y material, tanto en otros países lejanos como en el nuestro. Sin embargo, pocas veces llegamos a ver de primera mano o “in situ” los logros, mayores o menores, pero avances al fin y al cabo, de esas inversiones de tiempo, dinero o material que tanta gente está realizando a través de esas organizaciones. Hoy tuve la ocasión de palparlo. Hace un par de años de verlo en el sitio mismo, en Nicaragua. Y es así como una se siente más implicada y comprometida. Pero, ¡cómo es el género humano que pronto es capaz de sumergirse en su rutina y olvidar! Volvemos a lo nuestro, nos refugiamos en nuestra miseria, nos justificamos diciendo que no nos queda otra para sentirmos justos… Debemos seguir en la brecha, pero todos juntos, para apoyarnos y para que alguien nos recuerde de vez en cuando que somos no sólo afortunados (y nos ha llegado como regalo todo lo que tenemos, no sólo lo hemos ganado) sino también responsables de que tantos no tengan ni siquiera dignidad.
Gracias por tu texto, Víctor. Me ha hecho cuestionarme y me has recordado hoy tú esto que os he contado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: