Disputa entre el alma y el cuerpo (VI)

10 02 2010

Elena Montenegro / 3º ESO C

Alma: – ¡Buenos días! ¿Qué tal te va todo?

Cuerpo: – Bien, como siempre, cumplo mis funciones.

Alma: – ¡Tú di que sí! Dale un poco de alegría al día, hombre, ¡que siempre estás igual de frío!

Cuerpo: – Y tú siempre tan intranquila. Yo hago lo que el jefe dice y también me tengo que tragar las culpas de tus inquietudes, que si coloretes, lágrimas, tortazos… Muchas veces es exagerado…

Alma: – Pero sin sentimientos, o sea, sin mí, esto sería un muermo de mundo, solo habría cabezas pensantes en lo necesario, lo material y esencial para sobrevivir.

Cuerpo: – Ya estamos otra vez igual…

Alma: – No hace falta que lo digas… que si nos necesitamos mutuamente, que si tal que si cual. Ya cansas. Pero tú sabes que yo soy el más importante, este mundo se mueve por los sentimientos (las ganas del poder, el amor…)

Cuerpo: – Ya sabes, como te digo siempre, que eso no es del todo cierto, sabes que si no hubiese jefes pensantes en este mudo, se iría todo al fondo del océano.

De repente la discusión se ve cortada por alguien, el dueño y señor de los dos:

Persona: – ¡Me cachis! ¡Ya estáis otra vez igual! Sois imposibles…

Alma y cuerpo: – Tú te callas…

La pobre persona  se tiene que ir… corre peligro su vida en manos de esos dos… Así que se vuelve a distraer contemplando el paisaje.

Alma: – Ignorémosle… Ah, lo que te iba a decir, pero todo sería muy aburrido si no escuchases a mi gran jefe, el Sr. Corazón. ¿Qué sentido tendría una vida sin sentimientos? Sin el amor, la felicidad, la amistad… todo sería frío y seco.

Cuerpo: – Pero también hay que controlarse, que como todo en exceso, es malo, las cosas  tienen que estar en su justa medida. Ya sabes que para vivir nos necesitamos mutuamente, ya que tú sin mí sólo serías un espectro dando vueltas sin sentido.

Alma: – ¿Y tú cómo sabes eso? ¿Quién lo demuestra? Si cuando tú desaparezcas ya te vas para no volver, tú no sabes lo que yo hago, así que cierra tu linda boquita y no me restes mi gran importancia.

Cuerpo: – Sabes que tu importancia no le llega la suela del zapato de la mía, ya que la gente en lo primero que se fija es en mí, ya que soy lo primero que se ve. Además para que te conozcan a ti tiene que pasar un rato largo.

Alma: – Eso es porque no me dejas exponerme, no dejas que mis impulsos se vean tan rápido como te muestras tú.

Cuerpo: – Es que si lo hago estaríamos apañados, y más ahora, que con esto de las amiguitas hormonas que están más descontroladas que cualquier otra cosa…esto es un aquí te pillo, aquí te mato, y a veces, si te veo no me acuerdo. Y encima soy yo el que carga con todas las culpas… que si coloretes, cabreos… y eso no es todo, que el pobre “mister” se tiene que quemar para buscar respuestas y excusas difíciles.

Alma: – Bla, bla, bla… ¿Has terminado ya? Qué pesado eres con tus discursos… ¿Y lo bien que te lo pasas qué?

De repente el cuerpo desvía la mirada hacia otro lado cuando…

Cuerpo: – ¡NOOOO!

Alma: – ¡Eh! ¡Vuelve a dirigir la vista hacia allí!

Cuerpo: – ¿Qué? ¡Ni por asomo!
                ¡Oh, no! Ya empezamos. Quieres dejar de ponerme colorado, ¡sólo es un chico!

Alma: – ¡Pero yo no tengo la culpa! Sabes que son las amiguitas que mencionaste antes…

Cuerpo: – Sí, sí, ya, ya… Sigue buscando excusas que esa ya está gastada. Pero eres tú la que las guía.

Alma: – ¡Si la culpa fue primero tuya! ¡Tú fuiste quién miró hacia allí!

Cuerpo: –  Notaba que alguien me miraba, además las vistas desde la ventanilla son muy aburridas… ¿qué querías que hiciese?…
                -… Ni lo sueñes… no… no pienso cambiarme de asiento, sabes que no merece la pena.

Alma: – Luego te quejas, mira quién es ahora el aburrido; pues ahora te vas a enterar, voy a estar más intranquila e insoportable.

Cuerpo: ¡Otra vez noooo! A ver si se vuelve a dormir y me deja tranquilo otra vez.

Alma: – Sigue soñando bonito. Sabes que eso es imposible, hasta que no te vayas a la cama por la noche y no estés profundamente dormido yo voy a estar igual. Eso si tu jefe no me reclama… que hay veces que con sus sueñecitos…

Cuerpo: – Ains… A ver si me voy a hacer deporte y desconecto un rato de esta condenada…

Alma: – ¿Disculpa?

Cuerpo: – Que te vallas a la… ¡M30!

Persona: – ¡Iros los dos allí! ¡Que sois igual de pesados!

El alma le saca la lengua al cuerpo y este le enseña el dedo corazón, acto seguido lo repiten pero para la persona. Al final esto parece un juego de niños. Pero menos mal que todavía son muy jóvenes y esta disputa no es muy seria. Al menos ellos dos saben que se necesitan y que no podrían vivir por separado. Aunque en definitiva, según el jefe pensante que le haya tocado a cada uno, cuando el cuerpo desaparezca el alma seguirá viva porque nunca perecerá. Pero eso sólo es un castillo en el aire, nadie lo sabe ni lo ha demostrado si eso es cierto, así que sólo es un acto de fe.  

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