El Amor (III): el fracaso

17 02 2010

Eduardo Gómez / Profesor de Geografía e Historia

[…]”Quiso bien, fue aborrecido; adoró, fue desdeñado; rogó a una fiera, importunó  a un mármol, corrió tras el viento, dio voces a la soledad, sirvió a la ingratitud, de quien alcanzó por premio ser despojos de la muerte en la mitad de la carrera de su vida a la cual dio fin una pastora, a quien él procuraba eternizar para que viviera en la memoria de las gentes”[…].

Miguel de Cervantes: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Capítulo XIII.

El Amor no siempre triunfa, no siempre acaba bien, no siempre nos produce paz interior, dicha, alegría, felicidad, equilibrio,… También hay un amor sufriente, un amor que lastima, un amor que frustra, un amor que hiere…

Son muchos los poetas que han descrito esta situación de fracaso, que nos han regalado versos dolientes, que recurrieron a la poesía para sobrevivir, para deshollinar su alma, para gritarle al mundo las heridas que en su espíritu dejó el Amor cuando éste no fue correspondido en la esperanza de que los ecos de ese grito les sirvieran de bálsamo. Sin embargo, no he elegido para este destello poesía sino prosa, y nada menos que El Quitoje. En los capítulos XI al XIV se narra la historia de Marcela y de Grisóstomo. La cita que aquí reproduzco se refiere al discurso funerario que Ambrosio hace de su amigo Grisóstomo quien se había quitado la vida por el desamor vivido con la pastora Marcela.

En esta elegía se recoge perfectamente el sentir de quien ama y no es correspondido: la frustración.

¡Cómo cuesta hablar del Amor! ¡Cuántos subterfugios utilizamos para hablar de él! ¡Qué miedo nos da! ¡Cómo se hace fuerte en los cobijos recónditos del espíritu! ¡Cómo se hace omnipresente en nuestro pensamiento! Pese a todo, cuando el Amor llega a nuestra vida, nos insufla un plus de valor, nos da fuerzas para compartir nuestros sentimientos, para hablar de él. Entonces nos damos cuenta de que no somos únicos en estos padeceres, que todos, en mayor o menor medida, antes o después, pasamos por esa situación de desasosiego e incertidumbre que acompaña al Amor. Cuando hacemos acopio de fuerzas, cuando nos disponemos a abrirnos a la persona amada, nos arriesgamos a sentir el frío del acero que el desgarro de la no correspondencia provoca en nosotros. Porque no siempre el Amor triunfa, no siempre es correspondido, no siempre nos aboca a una vida “sin miedo ni esperanza”. Y esto precisamente es lo que le pasó al pastor Grisóstomo, que amó a Marcela, que persiguió su amor, que luchó por él mas no encontró correspondencia. Y todos en la aldea la culpaban a ella de la desgracia del muchacho, todos afeaban su conducta, su insensibilidad. Pero…

¿Fue Marcela quien actuó mal? ¿O fue Grisóstomo? ¿Nos podemos arropar el privilegio de obligar a otros a amarnos? ¿Nos es acaso ésta una postura de todo punto egoísta? El amor es egoísta y nos convierte a nosotros en seres egoístas. Grisóstomo vivió un amor infantil. No dudo que estuviera enamorado de Marcela, no dudo que suspirara por ella, no le niego el derecho a luchar por ese amor. Pero… ¿qué derecho tenía a exigirle a Marcela que le correspondiera, que le amara como él a ella? Evidentemente, ninguno. Y eso es lo que no soportó, y eso es lo que malentendieron sus amigos, eso es lo que no tuvo en cuenta nadie. Marcela era la otra parte del idilio, y no menos ni más importante que Grisóstomo, sino igual. Y su corazón tenía otras inclinaciones, estaba en su derecho. Ella era también un ser libre, y si no había afinidad no tenía por qué fingirla, no tenía por qué engañar, no tenía por qué sacrificar su vida. Ella estaba en su derecho de amar a quien quisiera, ella era un ser libre, tan libre como Grisóstomo, con sus mismos derechos y capacidades amatorias. Pero nadie lo vio porque el amor nos vuelve egoístas, nos ciega. Lo que les pasó a Grisóstomo y a Marcela es que no hubo encuentro entre los torbellinos de deseo que a ambos les embargaron, no hubo afinidad, no hubo correspondencia. Y eso no tenía por qué hacer de menos a ninguno de ellos. A Grisóstomo le faltó el valor de afrontarlo, no fue capaz de valorar la honestidad de Marcela, no tuvo la valentía de aceptar la libertad de ella.

Cuando vivimos el fracaso del Amor, todos nos sentimos “Grisóstomos” de alguna manera, nos volvemos como el niño que frunce el ceño al no entender que el mundo no se pare cuando le agobia algún problema. Es en ese momento cuando hay que ser valientes también, valientes para respetar, valientes para reconocer, valientes para asumir que la otra parte es tan persona, tan libre y tan digna como nosotros; y evitar, por todos los medios, que ese Amor que tan ilusionados nos tuvo no mute en odio que nos carcoma por dentro.

Y es que, el problema no está en tropezar ni en caer sino en ser incapaces de levantarnos…

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7 responses

17 02 2010
ALICIA

NUNCA TE ACOSTARÁS SIN SABER UNA COSA MÁS, Y SOBRE TODO SI LEES UN DESTELLO. ME HA ENCANTADO, SOBRE TODO QUE HAYAS ELEGIDO ESA MAGNIFICA OBRA “EL QUIJOTE”. ENHORABUENA UNA VEZ MÁS Y GRACIAS

17 02 2010
Raquel Pelayo

Efectivamente, son muchas las ocasiones en que el Amor fracasa o no es correspondido. Este “destello” era casi el desenlace inevitable de esta pequeña “biografía amorosa” que nos ha brindado Eduardo durante estas tres semanas.
Si hay algo más artísticamente productivo que el amor, es, sin duda, el desamor. El desengaño amoroso, los celos, los reproches, la tristeza, el dolor de amor, son motivo recurrente en cientos y cientos de poemas, novelas, canciones… Me ha gustado especialmente este “destello” porque no se aborda el tema del desamor desde el punto de vista de quien sufre por no sentirse correspondido, sino del que no puede corresponder al amor que le profesan. Estamos acostumbrados a apiadarnos y empatizar con los Grisóstomos, pero no a ponernos en el lugar de las Marcelas. Y, es que, por mucho que nos duela, que no nos quieran como nosotros queremos no es un delito, ni una ingratitud, ni una crueldad, ni una terrible ofensa que merezca ser castigada. No podemos obligar a nadie a que nos quiera. No se puede forzar al corazón. Por eso, debemos respetar y asumir los sentimientos del otro, y mostrar la valentía que le faltó a Grisóstomo, y seguir adelante… con la esperanza de encontrar algún día a esa persona que verdaderamente nos quiera tanto como nosotros a ella.
Gracias, Eduardo, una vez más, por tu invitación a reflexionar.

17 02 2010
Ana E

No permitas que el miedo se apodere de ti, porque corres el riesgo de que domine tu vida.. Si por una vez olvidas que forma parte de ti, lograrás encontrar ese amor que tanto esperas. Ese amor por el que vives, sueñas. Ese amor que algún día temiste no tener, y que sin embargo, conseguiste cuando le ganaste la guerra al fracaso, a la desilusión. Ahora son las ganas de vivir las que alimentan tus días, ahora es el amor, el que se apodera del miedo.

Gracias de nuevo, Eduardo.

17 02 2010
cienciasdaniela

Al leer estas reflexiones, he recordado esta frase de Gabriel García Márquez:
“Sólo porque alguien no te ame como tú quieres, no significa que no te ame con todo su ser”

17 02 2010
musicameruelo

Al amor no correspondido yo no lo llamaría fracaso ni siquiera llamaría fracaso al amor que se esfuma dejando o sin dejar huella. Creo que hay que vivir y sentir el desamor con tanta intensidad como el amor, porque todo son lecciones de la vida para aprender. Los desamores son puntos de partida o cambios de dirección muy importantes, no hay que obsesionarse ni hacer de ello una tragedia, es la vida misma. Bueno esto lo pienso ahora..después de muchos lloros por amor jajajja, casi todos en la adolescencia y juventud, pero lo recuerdo con cariño..esos domingos tristes, esas canciones que con los primeros acordes ya te hacían llorar, ese teléfono que no sonaba… ¡qué recuerdos!!
No me quiero marchar sin poner una canción, es un tema de Silvio Rodríguez, se titula Ojalá y refleja lo que sentimos cuando no nos corresponden o perdemos el amor y seguimos queriendo a esa persona..
“Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta..”

Por cierto Eduardo te invito a que nos hables del “deseo” porque en los amores y, sobre todo, en los desamores siempre está presente ¿No crees?

18 02 2010
Gema Rodríguez

Simplemente sin palabras. Muy bonita esta reflexión. Pero ojalá nadie conociese lo que se siente cuando caes en ese estado de “ser incapaces de levantarnos”… Es una sensación tan asfixiante, tan fuerte…que tú quieres salir pero tú mismo no te lo permites porque albergas la posibilidad de que ese autocastigo sirva para que una mano nos rescate, y esa mano no es la adecuada…
Gracias por hacernos pensar!!

23 02 2010
Pilar

La pastora Marcela proclamó valientemente “Yo nací libre” en el s.XVII y vivió acorde a su sentir. Ante el desamor eso del “pecho saliente, paso decidido y mirada al frente,” es decir, lejos de achicarte, un barril de optimismo sobre tu autoestima y adelante, que vales mucho. Quien seas. Y te quiera o no quien sea. Antes que nada, aprender a querer cada cual a la personita que nos va a acompañar hasta la tumba. Es decir, tú mism@. Y tranqui, que si tú quieres, alguien te querrá. Seguro. “A grandes males, grandes remedios.” ¡Ché, valor!
Un abrazo.
Pilar.

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