El ocaso

25 02 2010

Eduardo Gómez / Profesor de Geografía e Historia

De pie, mirando al horizonte tras el que tú te escondes

vi al crepúsculo luchando con la noche.

Vencido, partía derramando por el cielo

pinceladas de puro sentimiento.

.

El día se marchaba, quizá para nunca más volver.

El Sol se alejaba, quizá buscando quien sí creyera en él.

Y vi colores intensos, puros…, y te vi a ti.

Y sentí melancolía en el alma…, y te sentí a ti.

.

Apareciste como el día,

alba rompedora balbuciente al despertar,

temerosa de acabar con el sueño de quien,

en la oscuridad, empezara a imaginar.

.

Ahora siento que, como el día, te vas,

dejando un atardecer precioso difícil de olvidar.

Ocaso hermoso aun maldito pues tras él

sólo quedará oscuridad.

.

.

Post Scriptum: será éste el último de los poemas que publique en relación al amor, tal y como anticipé a comienzos del mes de febrero. Siempre creí que el amor es el tema de la poesía por excelencia. Leer poesía nos ayuda a desarrollar esa parte de nosotros que, a menudo, tenemos olvidada: nuestra sensibilidad. Escribirla, nos duele y nos reconforta al mismo tiempo. Cuando os encontréis con ella, miradla a los ojos, sentidla, fundíos en ella y confiad, nunca le tengáis miedo.

Gracias a todos por vuestras lecturas y por vuestro respeto hacia estas letras aquí escritas.

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