Desiderata

14 04 2010

Eduardo Gómez / Profesor de Geografía e Historia

Camina plácidamente entre el ruido y la prisa,
y recuerda qué paz puede haber en el silencio.
En la medida de lo posible y sin traicionarte
procura vivir en buenos términos con todo aquel que te rodea.
Di tu verdad tranquila y claramente;
y escucha a los demás,
incluso al aburrido y al ignorante;
ellos también tienen una historia que contar.
[…]

Max Ehrmann, Desiderata. 1927.

Al comenzar este tercer y último trimestre del año académico, al otearse ya el final del curso cada vez más cercano, he querido dedicar este primer destello tras las vacaciones de Semana Santa a un muy famoso poema que, aunque fue registrado en 1927 por el abogado y poeta norteamericano Max Ehrmann, algunos consideran que fue escrito en latín a finales del siglo XVII en el campanario de la iglesia de Saint Paul, en Baltimore, Estados Unidos, siendo de esta manera Max Ehrmann un mero traductor del mismo.

Desiderata significa “cosas deseadas”, lo cual no deja de ser apropiado para esta sección, que ha pretendido desde sus inicios tocar el alma, incitar a la reflexión, desempolvar esa parte de nosotros no siempre cultivada, incluso, en algunos casos, auténticos eriales. A veces, da la sensación de que nos sentimos cómodos viviendo en auténticos barbechos espirituales. ¡Qué difíciles de traspasar son las barreras del miedo, de la vergüenza, de la timidez!

Solamente se recoge aquí la primera estrofa del poema que creo es suficientemente significativa. De todas formas, en este enlace encontraréis el poema entero.

¡Qué importante es el silencio! ¡Qué deseable sería poder dedicarle todos los días un tiempo! ¡Qué grato sería hacerle un hueco en nuestras vidas! En un mundo que vive deprisa como el nuestro, en un modo de vida en el que el medio se ha convertido muchas veces en el fin, qué importante sería sosegar nuestro ritmo vital, pararnos, no solo para descansar sino, sobre todo, para pensar. Quizá la rapidez con la que transitamos por la vida no sea más que una forma de huir, de evadirse de unas circunstancias que no nos gustan, de no querer afrontar preguntas de calado como el porqué de las cosas, de nuestras cosas, de nuestra propia vida. Quizá ese huir hacia delante, sin saber muy bien hacia dónde, no sea más que una forma de enmascarar nuestros miedos, nuestras disconformidades, nuestros deseos profundos y verdaderos. Todo ello aflora en el silencio, en la meditación, en la reflexión individual de cada uno; en esos momentos en los que todo encaja, en los que hay tranquilidad, paz… en los que nos sentimos orgullosos y reconciliados con el mundo que nos rodea, con las personas que hay a nuestro alrededor y con nosotros mismos. Esos momentos en los que vemos aun con los ojos cerrados…

¡Qué importante es tener la cosas claras! Ya lo decían los clásicos: “rem tene verba sequentur” (cuando se tienen las cosas claras, las palabras fluyen por sí solas). No se tiene más razón por chillar más aunque muchas veces lo parezca; no se tiene más razón por querer quedar siempre bien adoptando una postura camaleónica con el entorno que nos rodea; no se tiene más razón por querer imponerse recurriendo a la potestas en detrimento de la auctoritas. Es necesario tener las ideas claras, tener convicciones, ser coherente en nuestra forma de pensar y de actuar y, cuando surja la oportunidad, exponer nuestros argumentos sin estridencias, sin histrionismos, sino con la fuerza de la palabra bien engarzada, bien construida, bien armada, como los muros de las construcciones clásicas hechos con buena piedra, bien tallada, bien ensamblada…

¡Qué importante es saber escuchar! ¡Qué difícil es no discriminar! ¡Qué difícil es reconocer, con sinceridad, virtudes en los demás! La vida es un continuo proceso de aprendizaje, de manera consciente aprendemos en los centros de enseñanza, con la lectura de un libro, en la mera observación del entorno; pero de manera inconsciente también nos vamos enriqueciendo en nuestro contacto con los demás, con sus palabras, con sus acciones, con sus argumentos,… Escuchar significa aprender, contrastar, reflexionar; escuchar es abrir puertas, hacer huecos para alojar a lo nuevo. Para escuchar bien hay que huir de apriorismos, no desdeñar la opinión de nadie pues cada persona tiene su historia, su visión del mundo, su escala de valores, su tesoro que espera de ser descubierto y valorado. Sin embargo, cuántas veces despreciamos opiniones y, lo que es peor, personas porque las consideramos inferiores a nosotros, incapaces de aportarnos nada, estorbos en nuestro camino. Un camino no exento de obstáculos, donde potencialmente tropezaremos, y donde seguro que ese a quien habíamos minusvalorado quizá sea el único que nos ofrezca su mano para levantarnos…

Y es que es importante creer en nosotros, pero no ser unos “creídos”, es importante dedicarle tiempo al reposo y al repaso, es importante compartir y levantar la vista para ver lo que hay a nuestro alrededor,…

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One response

20 04 2010
Marta

Precioso destello que de verdad, me ha llegado al alma. ¿De verdad nos sentimos cómodos de la manera en que vivimos?
Yo creo que tenemos que reflexionar sobre nuestras “cosas deseadas”, escondidas tras la batahola de nuestras vidas.

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