El sacrificio

28 04 2010

Eduardo Gómez / Profesor de Geografía e Historia

“Cuenta la leyenda que hay un pájaro que canta una sola vez en su vida más dulcemente que ninguna otra criatura en el mundo. Desde que deja el nido busca un árbol espinoso y no descansa hasta haberlo encontrado. Luego, cantando, se precipita sobre la espina más grande y afilada; y mientras muere, con la espina clavada en el pecho, vence su dolor superando con el canto a la alondra y al ruiseñor. El mundo entero se detiene a escucharlo y Dios en el cielo sonríe, porque lo mejor sólo se compra a precio de gran dolor, o al menos eso dice la leyenda…”

Collen McCullough: El pájaro espino.

Uno de los mayores éxitos editoriales de los años 80 del siglo pasado fue el libro de la australiana Collen McCullough titulado El pájaro espino. En él se narra la historia de un sacerdote católico que se vio atrapado entre dos “amores”: el divino y el humano. Querer vivir ambos supuso para él un gran sacrificio y una necesaria renuncia pues, dada su condición, eran excluyentes entre sí.

Dejando a un lado el morbo que conlleva el tema tratado, aparte de la versión televisiva que del libro se hizo en 1983 y de las versiones cinematográficas que también se han hecho, no olvidando la bellísima melodía compuesta por Henry Mancini para la ocasión, a mí siempre me llamó la atención la cita con la que comenzaba el libro, la historia de este pájaro, el pájaro espino, the thorn bird. Siempre me ha parecido muy profunda y bella y esta es la razón por la que me he animado a comentarla en el destello de esta semana.

Me llama la atención el principio y el final de la cita, la fuente en la que se basa: la leyenda. Y es que la leyenda nos deja el camino libre a los sueños, a la imaginación, a la fantasía. Una leyenda es una narración en la que se mezcla una parte de realidad y otra de ficción, una narración en la que el lector no es un mero receptor pasivo del mensaje, se le brinda la oportunidad de colaborar con su imaginación en el mismo, de modificarlo, de cuestionarlo, de adaptarlo a sus gustos o conveniencias. Siempre me pareció hermoso el final de este relato: “… al menos eso dice la leyenda”. Si se está de acuerdo con lo expuesto bien, si no, también. No pasa nada por discrepar del mensaje encerrado en la cita, no pasa nada por darle otro sentido. Es un mensaje válido para todos y, por ello, universal.

Me conmueve la historia narrada, el sacrificio que hace el pájaro espino, su sino, su victoria. No sé si será consciente de su final, pero parece que su instinto le conduce a él irremediablemente. Busca, desde sus primeros aleteos un árbol espinoso que se convertirá en su verdugo, busca una espina larga y afilada sobre la cual lanzarse y… cantando, pone fin a su vida. ¿Merece la pena tal sacrificio, nos podemos preguntar? ¿De qué sirve conseguir nada si te va la vida en ello? ¿Qué sentido tiene? Y aquí es donde nuestra libertad como receptores de la leyenda empieza a funcionar, aquí es donde empezamos a buscar el sentido de este modo de actuar, es donde empezamos a imaginar…

Dio su vida y ¿qué obtuvo a cambio? Aparentemente él nada, ¿o sí? Con su sacrificio consiguió cantar como ninguna otra criatura en el mundo es capaz de hacer, luego lo convirtió en único; con su canto consiguió que el mundo parara, se detuviera, se silenciara para disfrutar de la melodía que salía de sus pulmones malheridos, luego lo hizo poderoso; consiguió vencer el tiempo, consiguió hacer reír a Dios… consiguió unir lo humano y lo divino, luego lo hizo trascendente.

Pero además fue un sacrificio altruista pues a todos los que estaban a su alrededor les regaló lo mejor para lo que estaba dotado: su capacidad para cantar por encima de todas las creaturas, su capacidad para deleitarles, su capacidad para enmudecerles, su capacidad para hacerles disfrutar con la belleza por él creada, su capacidad para hacerles sonreír, sentirse especiales, detenerse, elevarse…

Quizá lo mejor que seamos capaces de conseguir en nuestra vida exija de nosotros un gran sacrificio, no la vida  misma, sino alguno de los bienes más preciados que forman parte de ella. Quizá exija de nosotros una renuncia. Quizá exija de nosotros una elección entre alternativas excluyentes. Quizá exija de nosotros todo para apenas recibir nada. Por eso es importante tener las ideas claras, marcarse objetivos a corto, medio y largo plazo, trazar rumbos… navegar con buenas cartas. Por eso es importante disponer de asideros a los que agarrarnos cuando nos afecten los vaivenes que, sin duda, aparecerán en nuestro camino… por eso es importante no rehuir los sacrificios que se nos planteen.

Y es que conseguir algo con esfuerzo y sacrificio eleva nuestra estima, nos revela como capaces, nos convierte en seres únicos, poderosos, trascendentes, libres…

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30 04 2010
Pilar

Gracias por la cita y por el comentario, Eduardo, una vez más vemos que perseverando se pueden conseguir cosas, que “de sabios es equivocarse y rectificar,” que de los errores aprendemos y cuando nos equivocamos o no nos sentimos a gusto, por los motivos que sean, cambiar viene muy bien. Eso de “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer,” podemos interpretarlo al revés, es decir, mejor lo bueno por conocer que lo malo conocido, teniendo en cuenta que “si hacemos lo mismo, sucederá lo mismo.”

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