Los ideales

5 05 2010

Eduardo Gómez / Profesor de Geografía e Historia

Coincidiendo con estas fechas de comienzos de mayo me gustaría dedicar el destello de esta semana a un cuadro, un cuadro que todos hemos visto en alguna ocasión, un cuadro que incluso habremos comentado en sus aspectos estilísticos y técnicos, o bien en relación a la obra de su autor. Este cuadro no es otro que Los fusilamientos de la Moncloa de Francisco de Goya.

Los acontecimientos aquí recogidos tuvieron lugar el 3 de mayo de 1808, en los albores de la Guerra de la Independencia contra los franceses protagonizada en ese momento por el pueblo de Madrid y, posteriormente, secundada por el resto de los pueblos y las gentes de la Península Ibérica.

¿Qué me sugiere este cuadro? ¿De qué puedo hablar a partir de él? Creo que lo que en él se representa son los ideales, ideales enfrentados. Vemos un fusilamiento, vemos una sinrazón, vemos una indefensión, vemos una luz en la oscuridad, vemos un tránsito…

Ideales enfrentados porque ahí hay un enfrentamiento. Siempre tendemos a pensar que el ideal que se refleja es de la víctima, el de las personas que han sido, están siendo, o van a ser fusiladas. Pero también hay un ideal por parte de sus ejecutores, seguramente un ideal inconsciente, seguramente no hacen más que obedecer las órdenes recibidas de sus superiores, probablemente un ideal equivocado, con seguridad un ideal carente de legitimación. Si un ideal es la lucha por la patria de las víctimas, por su libertad, por su rey, por su cultura, por su idiosincrasia,… un ideal es también la lucha por el Imperio, por crear una unidad europea bajo el único mando de Napoleón. Pero éste, si nos ceñimos al cuadro, es un ideal ilegítimo. ¿Por qué? Porque es un ideal que pretende imponerse por la victoria y no por la convicción, porque es un ideal que mata para vencer, porque es un ideal que oprime y reprime, porque es un ideal que se abre camino con la fuerza de las armas y no con la fuerza de la razón.

Esa imposición es una sinrazón. No se puede justificar la muerte de un ser humano por intentar imponer un pensamiento, un “orden” determinado, un modelo, una doctrina. “Matar a un hombre por defender una doctrina, no es defender una doctrina sino matar a un hombre”, estas palabras fueron escritas en el siglo XVI por el noble y diplomático Baltasar de Castiglione, palabras que dos siglos después seguían estando vigentes durante los acontecimientos narrados en este cuadro, palabras que siguen estando vigentes hoy en día cuando la intolerancia, la crueldad, el odio, la venganza, la impostura acaban abriéndose hueco y estableciéndose a sus anchas en nuestro mundo.

En el cuadro, el personaje central está iluminado, sus ropas refulgen a la luz del farol, está de rodillas, con los brazos en alto, mirando a sus verdugos. Es la clara personificación de la indefensión, del “yo” despojado que de esta manera traslada la responsabilidad de la iniquidad a la otra parte, al verdugo. No hay resistencia, no hay oposición, tampoco hay resignación. Hay valentía, hay una vida desnuda que busca remover conciencias, hay un ideal contenido, hay una victoria en potencia. Muriendo demostrará ser más fuerte que sus ejecutores, muriendo su causa adquirirá más fuerza, muriendo su ideal se verá legitimado…

Con este cuadro y este comentario quiero llamar la atención de lo que el ser humano es capaz de hacer, de sus fanatismos, de sus luchas, de sus autojustificaciones, de sus tinieblas, de sus cegueras, de sus obsesiones, de las largas noches de su espíritu, de sus cielos negros sin estrellas, de sus fatalidades…; el ser humano mata… y muere… pero sus ideales permanecen, los motores invisibles de su vida no se paran; sus recuerdos, en ocasiones, se vuelven inmortales… Para ello solo es necesaria una cosa: convencer antes que vencer,…

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2 responses

5 05 2010
Raquel Pelayo

Efectivamente, ya lo dijo Don Miguel de Unamuno: “Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha.”
Ningún ideal noble se puede conseguir por la fuerza, ni se ha de defender desde el odio o el resentimiento. Quienes recurren a la violencia no tienen ideales, más bien al contrario, actúan contra aquellos que de verdad los poseen. En palabras de Mahatma Gandhi: “La violencia es el miedo a los ideales de los demás”.
Gracias, Eduardo, por seguir regalándonos destellos semanales (aunque no cuenten como “publicaciones” :D).

7 05 2010
Pilar

Si el adagio latino decía “si quieres la paz, prepara la guerra,” con las armas nucleares actuales lo imprescindible es si quieres la paz, prepara la paz, por la cuenta que nos trae como huéspedes del planeta.

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