¡Una imagen, un deseo, una despedida!

19 05 2010

Eduardo Gómez / Profesor de Geografía e Historia

El de hoy será el vigésimo quinto destello que publique en la exitosa revista digital ¡IES así…!… y el último. A lo largo de estas veinticinco semanas se han ido tocando diferentes temas todos ellos con un denominador común: provocar la reflexión, mirar hacia dentro, buscar ese algo que nos hace sublimes, únicos, extraordinarios… intentar desterrar miedos… comprender… descubrir…sentir…

En este día he pensado compartir con todos vosotros una metáfora sobre la vida y un deseo a partir de un libro, uno de los más vendidos y leídos de los últimos años, un libro que marcó una tendencia en la literatura de los últimos tiempos, pionero en uno de los temas más recurrentes que han ambientado historias, narraciones, intrigas, vivencias,… Este libro no es otro que Los Pilares de la Tierra de Ken Follet. En él se narra la vida de un cantero dedicado a la construcción de catedrales en los albores del nuevo estilo artístico que caracterizará la Baja Edad Media europea: el Gótico. Es por ello que la imagen que adorna este artículo se corresponde con una fotografía de la catedral del estilo gótico más depurado que hay en España: la catedral de León, la llamada “pulchra leonina”.

Mi deseo es que estas palabras que hoy aquí escribo os hagan sentiros un poco especiales, no chiquitos sino grandes, como una verdadera catedral.

La metáfora de la catedral para referirnos a la vida me parece un símil precioso. La catedral es el edificio más esplendoroso que podamos encontrar, quizá no siempre sea el más grande, o el más ostentoso, o el más majestuoso. Pero siempre será el más especial con el que nos podamos topar porque no sólo son piedras armadas de una determinada forma sino que detrás de una catedral hay unos proyectos, hay una forma de ver el mundo, hay unos ideales eternos que nos elevan, que nos dignifican, que nos obligan a mirar con el corazón que es con lo que se ven las cosas importantes como decía Antoine de Saint Exupery en El Principito, desde ángulos a los que no estamos acostumbrados a ver el mundo que nos rodea. Por ello, una catedral no prescribe nunca, es una realidad siempre actual, al igual que una vida, que siempre trasciende a nuestra propia existencia porque permanecemos en el recuerdo, en los corazones, en el sentimiento de aquellos que nos han rodeado y con los que hemos compartido la construcción de nuestra vida, es decir, de nuestra catedral.

Por eso la vida es como una catedral. Porque detrás de ella también hay unos anhelos, unas ilusiones, unas esperanzas. No es sólo un cuerpo que se mueve de un lado a otro, o una forma de actuar, o de hacer. Es un proyecto movido por un algo que no vemos, que no percibimos con los sentidos. Además, luchamos por ver realizados esos sueños. De ahí que la catedral sea firme. De ahí que la catedral sea majestuosa, porque no nos conformamos sólo con soñar sino que trabajamos por conseguir que esos sueños se hagan realidad.

La vida es también como una catedral porque no la construimos solos. Es una obra colectiva, es fruto de todos los que nos rodean, de todos aquellos a los que acogemos en la misma y que nos ayudan en su construcción, de todos aquellos a los que abrimos o abriremos sus puertas a lo largo de la vida.

La vida es también como una catedral porque, en su construcción también hay fracasos. También hay derrumbes inesperados que han puesto de manifiesto ciertos puntos débiles en los que no habíamos reparado pero que nos han permitido reforzar la estructura y experimentar nuevas soluciones arquitectónicas dando una mayor solidez al edificio, un mayor esplendor. Eso mismo le ocurrió a Tom, el protagonista de los Pilares de la Tierra.

Pero mi deseo no sólo es que vuestra vida sea como una catedral, sino que sea como una catedral gótica. ¿Por qué?

El gótico es un arte urbano, es el arte que surgió en la Baja Edad Media, el arte que revolucionó la arquitectura. Su edificio emblemático es la catedral, de la que toda la ciudad se siente orgullosa, es el edificio que destaca, es la obra colectiva por excelencia. Como ocurría en la ciudad de Kingsbridge. Pese a las dificultades, la catedral salió adelante, porque cuando se lucha con verdadera convicción siempre se acaba triunfando.

La arquitectura gótica es aquella que se fundamenta en la estructura. Ésta es lo más importante del edifico: los pilares, las bóvedas, los arcos,… el relleno de esa estructura es secundario, hasta el extremo de que se puede prescindir de los muros laterales y sustituirlos por vidrieras. Además, esta forma de construir permite elevar los edificios como hasta ahora nunca se habían elevado. Deseo que vuestra catedral sea una catedral gótica porque eso significará que sois personas con una vida que se eleva ante los que nos ponemos delante de ella, ante la que nos sentimos pequeños porque imponéis, porque destacáis, porque maravilláis… Si es una catedral gótica jugará un papel muy importante la luz, la luz que cada uno de vosotros irradia y la luz que penetra por las vidrieras para crear una atmósfera de vitalidad, de optimismo, de belleza, de esperanza… y eso querrá decir que actuaréis a las claras, os manifestaréis como sois, no os refugiaréis en la oscuridad…

El gótico es también el arte con el que comienza el naturalismo. No hay un predominio del mensaje que se quiere transmitir sobre la Naturaleza, sino que se pretenden representar las cosas como son aunque dándoles unos toques de idealismo. Y vosotros habréis de luchar por ser personas naturales, personas espontáneas, personas transparentes… Y eso os honrará, y eso os hará especiales…

Me gustaría que vuestra catedral fuera gótica porque así tendrá varias puertas. Tendrá una fachada situada a los pies de la misma flanqueada por altas e imponentes torres donde se encontrará la puerta principal, la puerta que da acceso directo al interior, al altar, a la parte más importante. Y en toda vida esa es la puerta del Amor, del amor en sus distintos grados: amor de sentimiento, amor de corazón, amor de amistad, amor de familia, amor de pareja,… Por ella entrarán aquellos a los que amáis, a los que habéis acogido en vuestro corazón, a quienes abriréis esa puerta de par en par. Otros tendrán esa puerta cerrada y habrán de recurrir a otras puertas secundarias por donde les permitiréis transitar cuando se acerquen a vuestra catedral y quieran entrar en su interior. Serán las puertas del trabajo, de las ocupaciones laborales,… será la puerta de la indiferencia…, será la puerta del olvido… También de estas puertas habrá en vuestra catedral, como en toda catedral.

Esta ha pretendido ser mi explicación de la alegoría de la vida comparada con la construcción de una catedral, una catedral que deseo que sea gótica aunque cada uno de vosotros la construirá según su propio estilo. Su construcción es una empresa que durará toda vuestra vida, pero al final estoy seguro de que será imponente y admirada por todos. Cuando oiga hablar de ellas yo, cantero itinerante, ligero de equipaje y a punto de partir de esta “Île-de-France” que sois todos vosotros, recordaré que hubo un día en el que me asomé a su construcción cuando empezaban a levantarse, y recordaré que pasé mucho tiempo ante ellas viendo como, poco a poco, se iban elevando, se iban materializando, iban destacando.

¡Seguid adelante y nunca perdáis de vista los ideales que elevan vuestra catedral y que la hacen única!

Terminaba el destello de presentación aquel 8 de noviembre de 2009 diciendo que mis intervenciones en esta sección siempre acabarían con puntos suspensivos en un intento de invitaros a prolongar el destello correspondiente con vuestra propia reflexión. Hoy será distinto, acabaré con un punto y final. Pero antes quisiera dedicar unas palabras a agradecer vuestra atención, vuestra lectura, vuestro tiempo, vuestros comentarios, vuestras discrepancias, vuestra receptividad, vuestro reconocimiento, vuestras sonrisas, vuestra luz,…

Agradecer en primer lugar a Raquel, alma mater de esta revista, mujer en estos momentos “bicordial”, portadora y transmisora de vida, sus atenciones, su disponibilidad, su tiempo en subir estos destellos al blog que es la revista, sus participaciones en muchas ocasiones auténticos destellos en sí mismas. En mi débito quedará ese destello dedicado a la “maternidad” que te había prometido. Sin embargo, lo mío sólo serían palabras, tú lo estás experimentando como una realidad, como una vivencia…

Agradecer a los compañeros que participaron con sus comentarios: Pilar, Daniela, María Jesús, Blanca, Ana Bayón, Fernando,… También a quienes habéis sido asiduos lectores de esta sección: Marino, Amelia, Arancha, Sandra, Carmen Ibáñez, Lola,… y muchos más que me consta lo habéis hecho desde el anonimato como Marián Ortiz o Susana Paredes…

Agradecer a los alumnos que también hicieron algún tipo de comentario: Diego Cruz, Laura Campos, Olga Corral, Ana Echaure, Gonzalo Puente,… y a los que lo habéis seguido con frecuencia. A los alumnos que fuisteis: Lara, Gema,… y que permanecéis presentes en mi recuerdo.

Agradecer a los que seguisteis fielmente mis intervenciones en esta sección todos los miércoles y también participasteis en la misma como Alicia. A los que os encontrasteis por casualidad con el blog y leísteis alguna de las entradas que en él se contienen…

A todos muchas gracias, a todos mucha suerte, a todos mucha luz y muchas flores en el camino, a todos… ¡grandes sueños!,…

Me despido con unos versos, unos versos de un poeta ya comentado en un destello anterior, de Luis Alberto de Cuenca, de su poemario Sin miedo ni esperanza, de su poema titulado “El castillo imposible”. Que sea él quien diga la última palabra. Yo no puedo.

“[…]

A lo lejos se yergue la silueta

del castillo imposible, tachonado de estrellas.

Hacia él nos dirigimos.

No sé cuándo ni cómo llegaremos

a sus torres tejidas con las hebras del sueño.

Sólo sé que seguimos avanzando.”

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5 responses

19 05 2010
Raquel Pelayo

Hermosa metáfora la de la vida como catedral, hermosa y ambiciosa al mismo tiempo. Este destello de despedida me está haciendo pensar precisamente en cómo has participado tú en la construcción de la mía, que empieza a levantarse poco a poco. Muchas de tus palabras (y no me refiero solo a las de los “destellos”) han sido como verdaderos rayos de luz, de esos que entran por las vidrieras e iluminan los rincones más oscuros transformándose en un haz de colores. Me han hecho reflexionar, aprender, recordar viejas lecturas, conocer nuevas melodías, nuevos poetas… pararme a pensar y mirar a mi alrededor con otros ojos, con más serenidad, con más idealismo a veces, y puede que con más madurez también.
Por eso, y por mucho más, sus puertas seguirán siempre abiertas para ti.

19 05 2010
Pilar

Me gusta esa metáfora, catedral, que en griego significa silla, y de ahí también cátedra, algo sólido y seguro sobre lo que asentarse.
Muchas gracias, Eduardo, por tus Destellos, y recibe todo lo mejor para ti también en el caminar de la vida.
Un abrazo.
Pilar.

20 05 2010
ALICIA

Muchas gracias Eduardo, me has hecho el regalo de cumpleaños más bonito (hacerme partícipe de uno de tus destellos). Es un honor para mí.
Y enhorabuena! Por cómo eres, por cómo sientes, por cómo escribes. Ha sido un lujo poder contar con tus destellos cada semana. Mis mejores deseos en la construcción de tu catedral y sabes que puedes contar conmigo, ahora y siempre. Un fuerte abrazo!
Alicia

25 05 2010
Elías

Bueno, esto sabe a despedida amarga ^^.Creí conveniente leer tu último destello…
Ha sido espléndido el destello, que junto a todos los demás han demostrado una cosa: eres persona. Ya hay pocos seres humanos que saben lo que es ser persona y tú en estos dos años que te he conocido me has enseñado de forma indirecta los
valores de la vida. Te agradezco todo lo aprendido en estos dos años, como, cualquiera te agradecerá. Espero que te vaya bien la vida porque te lo mereces chico. Para mi no solo fuiste un simple profesor, fuiste un ejemplo
a seguir, que sin duda es para no olvidar.
La vida continua y no se para, a mi me quedan unos años
trascendentales que determinarán mi futuro, en el que seguro,
haga lo que haga, viva donde viva, tus enseñanzas quedarán siempre ahí.
Suerte en la vida Eduardo, te deseo lo mejor de todo corazón.

30 07 2010
Lara

En mi carruaje de caballitos blancos SIEMPRE te llevaré presente… Hasta aquí sobran palabras…

Gracias por poder construir mi catedral, que será gótica (no lo olvido…), cerca de una de las luces más importantes de sus infinitos rincones, la tuya…

Lara.

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