¿”Ojo por ojo, diente por diente”?

11 04 2011

Por Carlota Osorio / 4º ESO A

Aquí os presento unos de los dilemas morales que más juego han dado a lo largo de la historia, y sobretodo en estas últimas décadas: la pena de muerte. Comencemos por definirla. Dícese de la pena capital o ejecución que consiste en provocar la muerte o asesinar a un condenado por parte del Estado, como castigo de un delito. Personalmente, y pensando “desde fuera”, no estoy a favor de ella, pero las familias que viven una experiencia en la que asesinan a un ser querido, sienten impotencia por saber que ellos no van a recuperar nunca a esa persona, pero que el asesino, según el artículo 138 del Código Penal español,”El que matare a otro será castigado, como reo de homicidio, con la pena de prisión de diez a quince años”.

Desde la Segunda Guerra Mundial, a nivel internacional, se tiende a abolir la pena de muerte. A partir de ese momento, 89 países han abolido la pena capital para todos los crímenes, 10 para todos excepto bajo circunstancias especiales, y otros 29 hace más de 10 años que no la aplican. Frente a ello, 69 países aún contemplan la pena de muerte dentro de su legislación; varios de ellos permiten su aplicación a menores de 18 años, como por ejemplo Irán o Pakistán. El país que más ejecuciones ha realizado en este nuevo siglo ha sido la República Popular China, por ejemplo en 2004 hizo más de 3400 ejecuciones, más del 90% de las que se realizaron en todo el mundo.

Una de las teorías más socorridas para defender la pena de muerte, es la basada en la ley del Talión: “ojo por ojo, diente por diente”. Esta ley se refiere a un principio jurídico de justicia retributiva en el que la norma imponía un castigo que se identifica con el crimen cometido. Aunque sea una teoría muy antigua, pienso que tenía bastante razón, pese a que sea un poco “cruel” decirlo.

El gran problema de la pena de muerte son, sin duda, las equivocaciones, porque somos humanos y nos equivocamos. Un hecho real, “La noticia de que Cameron Todd Willingham, ejecutado en el año 2004 en Texas, resultó ser inocente. La provocación de un incendio y la muerte de tres personas, motivó a los tribunales a condenarlo a la pena capital. El error judicial quedó al descubierto después de examinar el juicio, donde un perito psiquiatra clasificó al acusado como un sociópata, sin haberlo examinado jamás; hubo testigos que mintieron; mala practica de abogados, y falta de prolijidad del trabajo del jurado. La revisión posterior dejó absolutamente claro que el incendio había sido accidental.”

 ¿Qué pensáis vosotros? ¿”Ojo por ojo, diente por diente”? 

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