EL TELÉFONO ESCACHARRADO

23 04 2012

Olga Corral / 2º A de Bachillerato

El pasado 21 de diciembre de 2011 ocurrió un suceso en mi pueblo: un señor de mediana edad había sufrido un infarto en su cada y había fallecido. Según las fuentes más sabias y objetivas de mi querido pueblo, se afirmó rigurosamente que vivía solo, que acababa de separarse y que su vida estaba llena de sinsabores. Curiosamente, unos días más tarde, como un fantasma entre las tinieblas, el señor de mediana edad recientemente enterrado y beatificado por las altas fuentes informativas de mi pueblo fue visto en el bar tomando un vino. Todo el mundo lo miraba asombrado y confuso. El hombre, ajeno a todo lo ocurrido, se sintió cohibido y en un momento de explosión preguntó: “Bueno, ¿y qué pasa?”. Nadie se atrevía a responder. Todo el mundo miraba cabizbajo hasta que de repente alguien habló. El hombre, que no sabía ni reír, llorar, gritar o matarlos a todos, contó lo que realmente le había sucedido (se había cortado un dedo pelando patatas y había acudido a urgencias) y finalmente preguntó que de dónde había salido toda aquella historieta digna de un culebrón mexicano. Tras un incómodo silencio, todo el mundo comenzó a decir: “A mí me dijo Pepa que te habían ingresado por infarto, yo se lo dije a Juana, y Juana le dijo a María que estabas solo cuando te sucedió, así que María le dijo a José que claro, que estabas solo porque acababas de separarte, y José a Marcos le dijo que…”.

En fin, como podemos observar, un simple corte pelando patatas puede convertirse de la noche a la mañana en un infarto que termina en un entierro.

Con esta anécdota quiero mostrar a la gente cómo en los pueblos las llamadas “fuentes firmemente primarias”, más conocidas como las marujas del pueblo, dentro de su aburrida e interminable existencia, se dedican a cambiar o más bien a dramatizar las noticias que escuchan (en el médico, en el súper, en la pescadería…). Pero eso no es todo. Ese primer cambio de información premeditado realizado por dichas marujas va acompañado de un boca a boca de persona a persona, en cuyo transcurso la noticia se estira, se encoge, se exagera, se cambia, en definitiva, ocurre lo mismo que pasa en el juego de niños que se conoce con el nombre del teléfono escacharrado.

Finalmente, aconsejo a los habitantes de mi pueblo y de otros pueblos de España que quizás aún no han sido víctimas de las temibles marujas, que se anden con pies de plomo, porque quién sabe si algún día de repente entran a comprar el periódico y ven su esquela en la puerta del establecimiento.

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